Sabiduria China.
El mandarín y el ermitaño.
Vanidad de vanidades es el lujo.
Un mandarin, de la Tartaria china,
sobre la seda fina
del vestido, ostentaba en perlas y oro
en soberbio riquisimo tesoro
Por la espléndida villa en que moraba,
cierto día pasaba
un ermitaño, y ante tal riqueza,
gracias dio al mandarín por la fineza.
-¿Por qué fineza, el mandarín ufano
replicó, si mi mano
ni una perla tan sola te ha ofrecido
de las muchas que esmaltan mi vestido?
-Bien lo sé, contestóle el ermitaño;
pero, si no me engaño,
me has dado el gusto y la ocasión de verlas,
y otro placer no poder dar las perlas.
Tu tienes, por el gusto de llevarlas,
la pena de guardarlas;
yo, más dichso, sin nigún cuidado
gozo el placer de verlas que mas dado.
Despójate de oro y de la seda
del vestido y ¿qué queda?
Piensa y verás, por mucho que te asombre,
que ya no hay diferencia de hombre a hombre.
Lao Tse.
Treinta radios convergen en un solo centro; Del agujero del centro depende el uso del carro.
Hacemos una vasija de un trozo de arcilla; es el espacio vacío de su interior el que le da su utilidad.
Construimos puertas y ventanas para una habitación; pero son estos espacios vacíos los que la hacen habitable.
Así, mientras que lo tangible tiene ventajas, es lo intangible de donde proviene lo útil.
SABIDURIA OCCIDENTAL.
Platón describió en
su alegoría de la caverna un espacio cavernoso, en el cual se encuentran un
grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan
el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del
fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se
encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía
respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al
exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de
objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en
la pared que los prisioneros pueden ver.
Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a
las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por
ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer
nada de lo que acontece a sus espaldas.
Continúa la narración contando lo que ocurriría si
uno de estos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz de la
hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad. Una realidad más
profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está
compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta
nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna
a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad
exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo
inteligible) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación
vuelva a ser obligado a ver directamente "el Sol y lo que le es
propio", metáfora que
encarna la idea del bien
La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al
prisionero al interior de la caverna para "liberar" a sus antiguos
compañeros de cadenas, lo que haría que éstos se rieran de él. El motivo de la
burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el
paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva. Cuando este prisionero
intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón
nos dice que éstos son capaces de matarlo y que efectivamente lo harán cuando
tengan la oportunidad, con lo que
se entrevé una alusión al esfuerzo de Sócrates por ayudar a los hombres a llegar a la
verdad y a su fracaso al ser condenado a muerte.
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